El presidente y la vicepresidenta del Centro de Estudiantes fueron entrevistados por Diego Hualpa, Abby Itcea y el equipo de “Secundaria 7 al Aire” de los jueves del turno tarde. A pocos meses de finalizar la secundaria y cuando ya comienza a prepararse el recambio de autoridades estudiantiles, repasaron proyectos, aprendizajes, sueños cumplidos y el profundo vínculo que construyeron con Secundaria 7.

FM 104.5 Identidad volvió a convertirse en un espacio para que los propios estudiantes cuenten su historia.
En una nueva emisión de “Secundaria 7 al Aire”, Diego Hualpa, Abby Itcea y el equipo de los jueves del turno tarde entrevistaron a Matías Yapour, presidente del Centro de Estudiantes, y Bárbara Soraiz, vicepresidenta, quienes atraviesan sus últimos meses en Secundaria 7.
Lo que comenzó como una conversación sobre el Centro de Estudiantes terminó convirtiéndose también en un balance de varios años de participación, proyectos y aprendizajes, pero fundamentalmente en una despedida anticipada de dos estudiantes que reconocen que una parte importante de sus vidas transcurrió dentro de la escuela.
A tres meses de terminar una etapa

“Estamos ya pisando, por así decirlo, fuera de la escuela”, reconoció Matías al comienzo de la entrevista.
La cercanía del egreso atravesó buena parte de la conversación.
Bárbara fue quien puso primero en palabras la nostalgia que empieza a aparecer. Contó que muchas veces, cuando tienen algún momento libre, se sientan junto a Matías en uno de los bancos de la escuela y comienzan a recordar.
Recuerdan actividades, proyectos, momentos compartidos y, especialmente, aquellas ideas que alguna vez parecían demasiado grandes.
“Nos ponemos a pensar todas las cosas que hicimos juntos, todas las cosas que hicimos en la escuela y todo lo que logramos, que en ese momento era un sueño muy grande todo lo que queríamos hacer, y ahora que se cumplió y que ya nos estamos por ir, se siente.”
Para Bárbara, asumir que quedan pocos meses genera tristeza, aunque también entiende que se trata del cierre natural de una etapa y del comienzo de otra.
“Todo es una etapa, todo se termina y es para que arranque algo nuevo”.
Matías vive ese proceso de una manera diferente. Su mirada está puesta en lo que vendrá, aunque reconoce que extrañará profundamente la vida cotidiana de la escuela.
“Siempre que me voy de un lado algo mejor me espera y ojalá así sea”.
Pero dejó algo en claro: piensa volver.
Volver a saludar. Volver a compartir un mate. Volver porque, aun después de egresar, seguirá sintiéndose parte de Secundaria 7.
Mucho más que ocupar un cargo

Cuando les preguntaron qué significaba formar parte del Centro de Estudiantes, ambos coincidieron en que se trató de una experiencia que los transformó.
Matías aseguró sentirse orgulloso no solamente de su recorrido personal, sino también de quienes lo acompañaron.
“Siempre quise tener este cargo”, reconoció, aunque durante toda la entrevista quedó claro que el valor que le otorga a la experiencia no está puesto exclusivamente en haber llegado a la presidencia, sino fundamentalmente en lo que pudo construir desde allí.
“Me siento súper contento con lo que he podido lograr, me siento orgulloso de mí mismo y de los chicos que me acompañan”.
Bárbara llegó al espacio de participación estudiantil un poco después.
Se incorporó a Secundaria 7 cuando cursaba cuarto año. Matías ya participaba activamente del Centro de Estudiantes y fue quien la invitó a acercarse.
“A mí me potenció Mati”.

Comenzó participando de charlas y reuniones. Nunca había integrado un Centro de Estudiantes, pero poco a poco empezó a involucrarse cada vez más. Después llegaron las propuestas, las metas compartidas y finalmente la vicepresidencia.

Para ella, la experiencia fue única.
Una experiencia que, además de permitirles impulsar proyectos, les enseñó a hablar, escuchar, comprender diferentes posiciones y asumir responsabilidades.
Aprender a escuchar


Una de las principales enseñanzas que ambos identificaron fue la capacidad de escuchar.
El Centro de Estudiantes los llevó a aprender a expresarse, incorporar nuevas formas de comunicarse y comprender mejor a otros estudiantes.
Matías destacó especialmente la posibilidad de escuchar permanentemente las ideas que surgen de sus compañeros.
Los estudiantes, explicó, llegan todos los días con algo nuevo: una inquietud, una propuesta o un proyecto que quieren concretar.
Esa escucha fue convirtiéndose en una de las características de su manera de entender la representación estudiantil.

“Si lo hacés por compromiso, no lo hagas”
Uno de los conceptos que Matías reiteró durante la entrevista fue la importancia de involucrarse verdaderamente con aquello que uno elige hacer.

“Cuando uno hace las cosas por pasión y no por compromiso, lo disfruta.”
La frase resume buena parte de su forma de entender la participación estudiantil.
Matías contó que muchas veces ingresa a Secundaria 7 a las 7 de la mañana y termina retirándose cerca de las 7 de la tarde.
Doce horas dentro de la escuela.
Puede regresar cansado a su casa, reconoció, pero también “recontra conforme” y “recontra feliz”. Y aseguró que, si al día siguiente tuviera que volver a hacerlo, lo haría.
“No hay nada más lindo que recorrer todos los días, mañana y tarde, los pasillos de tu escuela.”

Ese mismo mensaje fue el que ambos dejaron para quienes actualmente comienzan a pensar en integrar las próximas listas del Centro de Estudiantes.
Participar sí.
Pero hacerlo porque realmente existe el deseo de construir algo.
Bárbara fue contundente al cuestionar la idea de sumarse al Centro simplemente para evitar algunas horas de clase.
Para ambos, la participación requiere tiempo y compromiso, pero fundamentalmente ganas.
No existe una recompensa material.
El resultado está en lo que se logra construir.
El Torneo de las Promos y un proyecto que trascendió la escuela

Cuando le preguntaron cuál era el proyecto que más orgullo le generaba, Matías tuvo dificultades para elegir.

Fueron muchos.
Sin embargo, terminó deteniéndose en uno de los primeros: el Torneo de las Promos.

Recordó que comenzó a trabajarlo junto a Julieta Dilascio, quien en ese momento presidía el Centro de Estudiantes, cuando él ya empezaba a involucrarse fuertemente en la participación estudiantil.
Para Matías tiene un significado especial porque fue uno de los primeros grandes proyectos que logró concretar desde ese espacio.
Pero también porque aquella iniciativa trascendió las paredes de Secundaria 7.
A tres años de aquella primera experiencia, el encuentro continúa realizándose y convoca a escuelas públicas de Olavarría.
Lo que comenzó como una iniciativa surgida desde el Centro de Estudiantes consiguió proyectarse en el tiempo y convertirse en una experiencia que continúa reuniendo a jóvenes de diferentes instituciones educativas de la ciudad.
De estudiante disperso a referente del Centro de Estudiantes

Durante la entrevista también hubo espacio para recordar cómo era Matías antes de convertirse en uno de los referentes estudiantiles de Secundaria 7.
Él mismo se definió como un estudiante “muy disperso”.
Estaba acá y allá. Se sumaba a todo. Si aparecía algo diferente para hacer, probablemente estuviera allí.
Con el paso del tiempo encontró la manera de transformar esa energía.

Recordó particularmente el momento en que quien actualmente es director de Secundaria 7 lo incentivó a involucrarse con el Centro de Estudiantes.
Fue entonces cuando encontró un espacio desde el cual canalizar aquellas ganas de estar permanentemente haciendo algo.
En lugar de utilizar esa energía para interrumpir o molestar, como él mismo recordó entre risas, comenzó a orientarla hacia la participación y la construcción de proyectos.
Matías considera que aquella posibilidad fue fundamental para convertirse en la persona que hoy es dentro de la institución.
El Centro de Estudiantes le permitió potenciar características que ya tenía, pero orientándolas hacia acciones positivas para la escuela y sus compañeros.
“A mí me potenció Mati”

El recorrido de Bárbara fue diferente.
Llegó a Secundaria 7 en cuarto año y Matías ya estaba involucrado en diferentes espacios.

Él fue quien la invitó a participar de una charla.
A Bárbara ya le gustaba expresarse y participar, pero nunca había integrado un Centro de Estudiantes.
Comenzó a asistir a reuniones y descubrió una experiencia que rápidamente empezó a interesarle.
“A mí me potenció Mati”, explicó durante la entrevista.
A partir de allí comenzaron a compartir espacios, pensar propuestas, plantearse metas y proyectar cosas que podían hacer desde el Centro de Estudiantes.
Ese camino terminaría llevándolos a ejercer juntos la presidencia y la vicepresidencia.
Aprender que no todo lo puede hacer uno

La conducción también implicó aprendizajes más complejos.
Uno de ellos, reconoció Matías, fue aprender a delegar.
Durante mucho tiempo sintió que debía encargarse personalmente de muchas cosas. Y admitió que incluso hoy sigue costándole.
Pero la experiencia le enseñó que un Centro de Estudiantes no puede construirse desde una sola persona.
Hay que confiar.
Distribuir responsabilidades.
Permitir que otros también hagan.
Y trabajar colectivamente.
El intercambio con centros de estudiantes de otras instituciones también resultó fundamental.
Secundaria 7 recibió a representantes estudiantiles de otras escuelas, participó de reuniones fuera de la institución y generó diferentes espacios de encuentro.
Esas experiencias permitieron conocer otras formas de organización, maneras diferentes de resolver conflictos y distintas miradas sobre situaciones similares.
Bárbara destacó precisamente ese aprendizaje.
No encerrarse en lo que uno piensa.
Escuchar al otro.
Comprender que otra persona puede observar el mismo problema desde un lugar completamente diferente.
Y aprender también de esa mirada.
Hablar “de par a par”

Para Matías, una de las mayores fortalezas que lograron construir fue la cercanía con los estudiantes.
Durante la entrevista explicó que existe una diferencia entre conversar con un adulto y hacerlo con alguien que atraviesa cotidianamente las mismas experiencias.
Un integrante del Centro de Estudiantes se sienta en las mismas aulas, cumple horarios similares, estudia las mismas materias y enfrenta muchas de las mismas situaciones que sus compañeros.
Por eso habló de la importancia de construir una conversación “de par a par”.
Considera que esa cercanía fue una característica de la conducción del Centro de Estudiantes de Secundaria 7.
Según explicó, prácticamente todos los estudiantes de la institución los conocen, no por una cuestión de popularidad, sino porque buscaron estar presentes y disponibles.
Presentarse.
Saludar.
Escuchar.
Y no cerrarle nunca la puerta a quien llegara con una propuesta.
“Me gustaría hacer este proyecto”, ejemplificó Matías.
La respuesta que buscaron sostener fue siempre la misma:
“Bueno, dale, vení, lo charlamos.”
Una escuela que también cambió






Hubo un momento de la entrevista en el que Matías miró alrededor.
Estaba sentado frente a los micrófonos de FM 104.5 Identidad, siendo entrevistado por otros estudiantes.
Y recordó algo.
Aquel espacio había sido, años atrás, un depósito.
Cuando comenzó la secundaria jamás imaginó que seis años después estaría sentado allí, hablando en la radio de su propia escuela y respondiendo las preguntas de otros estudiantes.
La reflexión permitió dimensionar no solamente su transformación personal, sino también los cambios que fue atravesando Secundaria 7 durante esos años.




“Yo hace seis años no me imaginaba que hoy iba a estar acá hablando en la radio de la escuela, porque siempre conté que esto era un depósito. No me imaginé que iba a estar acá.”
Al hablar de sus metas, Matías mencionó justamente la escuela que observa actualmente.
Una institución con su Departamento de Prensa, FM 104.5 Identidad, “Secundaria 7 al Aire”, el Portal de Noticias y numerosos proyectos protagonizados por estudiantes.
“Ver la escuela así de linda, así de hermosa como está hoy”, señaló al referirse a una de sus mayores satisfacciones.
Su deseo ahora mira mucho más lejos:

volver dentro de 20 años y encontrarla igual o mejor.
“Me voy con las manos llenas de amor”
La pregunta parecía sencilla:
¿Qué recuerdo se llevan de Secundaria 7?
La respuesta no lo fue.
Porque ninguno pudo elegir solamente uno.
Bárbara recordó, entre muchas experiencias, actividades realizadas en UNICEN y la participación en el Honorable Concejo Deliberante, vinculada con el reconocimiento de interés legislativo.
Pero inmediatamente aclaró que no podía hablar de un solo proyecto.




“Uno no es más que otro”, explicó.
Cada experiencia tuvo su propio significado.
Matías fue todavía más amplio.
Habló de docentes, secretarios, vicedirectores, directores, colaboradores y de todas las personas que lo acompañaron.
Habló de los espacios.
De los pasillos.
De cada rincón.
“Me llevo un pedacito de todos.”
Y agregó:
“Me voy con las manos llenas de amor y de un montón de cosas. Muy agradecido.”
Finalmente encontró la manera de resumirlo:
“Si me tengo que llevar un recuerdo, me llevo la escuela entera. Todo, todo, cada pedazo y cada rincón.”
Las nuevas listas y el comienzo del recambio
Mientras ellos empiezan a despedirse, otros estudiantes comienzan a organizarse.
Las próximas listas del Centro de Estudiantes ya están tomando forma y algunos de sus integrantes se acercan a Matías y Bárbara para consultarles, pedirles consejos y conocer su experiencia.
La situación tiene una enorme carga simbólica.
Porque apenas un año atrás eran ellos quienes estaban preparando su propia lista.
Ahora son otros.
El próximo mes Matías y Bárbara dejarán la conducción del Centro de Estudiantes.

La emoción apareció inmediatamente durante la entrevista, especialmente en Bárbara.
Recordar que el año anterior eran ellos quienes estaban armando la lista y que ahora acompañan a quienes se preparan para sucederlos hace todavía más visible que el cierre se aproxima.
Pero junto con la tristeza apareció también tranquilidad.

“Lo dejamos en buenas manos.”
El entusiasmo de Diego Hualpa y de otros estudiantes por todo lo relacionado con el Centro también produjo uno de los momentos más significativos de la conversación.
Matías y Bárbara reconocieron en ellos algo de sí mismos.
Aquellas mismas ganas.
Aquella misma emoción.
El recambio, de alguna manera, ya empezó.
El consejo para quienes vienen
La pregunta fue directa: ¿qué consejo les darían a quienes están pensando en presentarse?
La respuesta de Matías sintetizó buena parte de toda la entrevista:
“Si van a hacer algo, háganlo por amor, no por compromiso. Háganlo por pasión.”

No participar esperando reconocimiento.
No hacerlo buscando algo a cambio.
Hacerlo porque existe una idea, una necesidad o simplemente el deseo de mejorar algo para la escuela y para los estudiantes.
Matías llevó incluso esa reflexión más allá del Centro.
Su consejo fue encontrar aquello que realmente le gusta a cada uno y potenciarlo.
Porque cuando una persona encuentra algo que verdaderamente la moviliza, aparecen las ganas de luchar para conseguirlo.
Bárbara coincidió.

Para ella, el Centro de Estudiantes tiene sentido cuando asistir a una reunión, pensar un proyecto o permanecer horas dentro de la escuela es algo que genera alegría.
No se recibe nada material a cambio.
Se hace porque gusta.
Se hace porque importa.
Una meta que fue mucho más que ganar una elección

Cuando les preguntaron por el mayor desafío o la meta más importante, Bárbara recordó cuánto habían deseado llegar juntos a la conducción.
Ella como vicepresidenta.
Matías como presidente.
Pero aclaró algo importante: no querían esos lugares simplemente por ocupar los cargos.
Los querían porque entendían que desde allí podían ampliar proyectos, impulsar nuevas propuestas y trabajar por una escuela con la que ambos se sentían profundamente identificados.
Ejercer la conducción les permitió concretar muchas de aquellas ideas.
Para Matías, sin embargo, la meta terminó siendo todavía más grande.
Poder llegar al final de su trayectoria y saber que dejó todo lo que podía dejar.
Que dio una mano cada vez que pudo.
Que escuchó cuando había que escuchar.
Que presentó proyectos cuando tuvo una idea.
Y que puso sus ganas al servicio de la escuela.
Tandil y Azul: empezar a imaginar lo que viene
El egreso también los obliga a mirar fuera de Secundaria 7.
Bárbara contó que le gustaría estudiar Economía Empresarial en Tandil.
La decisión implica un desafío importante.
Se reconoce muy unida a su familia, pero también profundamente vinculada con la escuela. Después de años en los que pasar prácticamente todo el día en Secundaria 7 se convirtió en algo habitual, cambiar de ciudad supondría transformar completamente su rutina.
“Va a ser algo muy complicado para mí cambiar totalmente de vida”, reconoció.
Pero sabe que es parte de lo que viene.
Matías todavía no tomó una decisión definitiva.
Una de sus posibilidades es estudiar Abogacía en Azul.
Si finalmente su camino no es ese, imagina alguna actividad relacionada con lo social, un ámbito que reconoce que le interesa especialmente.
También se permitió imaginar un regreso a Secundaria 7 dentro de 15 o 20 años.
¿Nuevamente presidente?
No.
¿Director?
Entre risas, también dijo que no.
Pero sí volver.
Volver para colaborar.
Volver para dar una mano.
“Tenemos que soltar Secundaria 7”

Quizás la frase que mejor representa el momento que atraviesan apareció casi sobre el final.
“Tenemos que soltar Secundaria 7.”
No porque quieran alejarse.
Precisamente, todo lo contrario.
Porque llegó el momento de comprender que una etapa termina.
Las cosas que alguna vez quisieron hacer y parecían demasiado grandes hoy ya fueron cumplidas.
Los proyectos existen.
Los recuerdos también.
Y las nuevas listas comienzan a organizarse.
Otros estudiantes quieren participar.
Otros empiezan a imaginar proyectos.
Otros ocuparán los lugares que durante estos años ocuparon ellos.
Matías y Bárbara comienzan entonces a mirar hacia atrás y descubren cuánto ocurrió desde aquellos primeros días.
Por eso el consejo para quienes todavía tienen varios años por delante fue sencillo: disfruten.
Porque el tiempo pasa mucho más rápido de lo que parece.
“En un abrir y cerrar de ojos están en sexto.”
Dentro de algunos meses llegará el egreso.
Antes llegará el momento de entregar la conducción del Centro de Estudiantes.
Será entonces cuando otros estudiantes continúen una historia que ellos ayudaron a construir.
Y Matías Yapour y Bárbara Soraiz comenzarán otro camino, llevándose proyectos, aprendizajes, amistades, reuniones, jornadas que comenzaron a las siete de la mañana y terminaron a las siete de la tarde, incontables recorridas por los pasillos y una radio que alguna vez fue un depósito.
También se llevan la tranquilidad de saber que detrás de ellos ya aparecen otros estudiantes con ganas de participar, presentar listas, hacer preguntas y continuar construyendo.





















Quizás allí esté una parte importante del legado de cualquier Centro de Estudiantes: comprender que los cargos terminan, pero que la participación continúa.
Matías y Bárbara empiezan a soltar.
Otros empiezan a tomar la posta.
Y ellos prometen volver.
Porque después de tantos años resulta imposible elegir solamente un recuerdo.
Como dijo Matías frente a los micrófonos de FM 104.5 Identidad:
“Si me tengo que llevar un recuerdo, me llevo la escuela entera.”